
Eficiencia energética
Escrito por: Odón de Buen Rodríguez
La forma más económica de generación de energía | Las once plantas eléctricas que nadie ha inaugurado
No es por presumir o por quejarme, pero lo primero que voy a decir es que tengo más de 25 años trabajando en temas de ahorro de energía en México como analista, investigador, funcionario y consultor. Esto lo digo para darle un poco de valor a mi modesta opinión.
En estos años he visto pasar a funcionarios públicos, a legisladores y a muchos analistas sin que, en mi opinión, entiendan lo que significa el ahorro de energía, ni cómo se logra de manera significativa, ni de lo que se logra en México en, particularmente, los últimos 20 años (que, curiosamente, son gobernados a tiempos iguales por el PRI y el PAN).

Quizá también esto se deba a que existe la perversa costumbre de que los funcionarios que entran (aún y cuando sean del mismo partido de los que salen) de negar lo que hicieron antes de que ellos llegaran y que no se tenga una visión y/o análisis integral de lo que se logra. Es por esto que a continuación - y con datos “duros” - buscaré reflejar lo importante y significativo que es lo que hemos hecho y logrado en un trabajo que formalmente se inicia al establecerse la Comisión Nacional para el Ahorro de Energía (Conae) en 1989 y el Fideicomiso para el Ahorro de Energía Eléctrica (Fide) en 1990.
En mi perspectiva, lo que se ha hecho bien en México se muestra en resultados con una gran rentabilidad social y se debe, en diferentes momentos y en diferentes acciones, a la Comisión Federal de Electricidad (CFE), al Fide y a la Comisión para el Uso Eficiente de la Energía (antes Conae).
De manera general, los programas más importantes son: el FIPATERM, iniciado en 1990 y orientado al asilamiento de techos en viviendas en Mexicali; Ilumex, llevado a cabo por CFE y que logra el cambio de 2.3 millones de lámparas en Guadalajara y Monterrey; los programas del Fide, que incluyen diagnósticos y financiamiento de acciones en más de mil instalaciones industriales y comerciales, incentivos para motores y lámparas, y financiamiento de equipos en el sector residencial; y, muy particularmente, las normas oficiales mexicanas de la CONUEE, que entran en funcionamiento a partir de 1996 (aunque los trabajos de desarrollo se inician al arrancar la Conae en 1989). También habrá que incluir el Horario de Verano, que es un esfuerzo multi-institucional liderado por la Sener. Más recientemente, el programa de recambio de electrodomésticos que arrancó la Sener y que luego operado por el Fide.
Desafortunadamente, poco de esto es evaluado cabalmente y se desconocen bien a bien los impactos globales. De esta manera, a excepción de los programas con financiamiento externo (como Ilumex y el de incentivos del Fide), cuatro normas de la CONUEE (entre ellas las que están homologadas con el resto de Norteamérica) y el Horario de Verano, los otros programas no tiene algún tipo de evaluación formal e integral de impacto. Por lo mismo, solo se anota que el Horario de Verano ahorra cerca de mil GWh al año; que el programa de incentivos del Fide ahorró 1,300 GWh en los tres años en los que operó; y que cuatro NOM de la CONUEE ahorraron, para 2004, 46,000 GWh (Ramos, I. and H. Pulido, ASSESSMENT OF THE IMPACTS OF STANDARDS AND LABELING PROGRAMS IN MEXICO (FOUR PRODUCTS). FINAL TECHNICAL REPORT. 2006, Instituto de Investigaciones Eléctricas: Calle Reforma 113, Col Palmira, CP 62490 Cuernavaca, Morelos, México. p. 58.)
En fin que, juntos, estos programas deben tener algún impacto mayor y una forma que considero puede mostrarlo es una comparación entre lo que se estimaba en 1998 en cuanto a la evolución del consumo de energía eléctrica respecto a lo que ocurre desde entonces.
Es así que, en comparación el crecimiento del consumo eléctrico esperado por los planeadores de la Sener y de la CFE de 1998 a 2008 (Prospectiva del sector Eléctrico 1999-2008)con lo que reporta la CFE que se consumió entre 1998 y 2009 nos da una diferencia significativa: de 250,000 GWh que esperaba consumir en 2009 solo se consumieron 180,000 GWH, es decir, una diferencia de 70,000 GWh (una diferencia de 20 por ciento).
Puesto en términos de plantas eléctricas equivalentes, esta es la generación que se obtendría con cerca de 11,500 MW de capacidad instalada, es decir, cerca de 23 plantas de 500 MW (Al considerar un factor de planta de 80 por ciento y 11.6 por ciento de pérdidas de transmisión y distribución).
Por supuesto, no todo se debe a los programas de ahorro y una parte significativa se debe al optimismo de los planeadores oficiales, que, por razones más políticas que de ortodoxia de la prospectiva económica, no pueden establecer prospectivas que perfilen una caída de la economía ([1]La pauta del crecimiento de la economía siempre la define la secretaría de Hacienda y Crédito Público).
Sin embargo, si damos 50 por ciento del crédito a la diferencia entre los programado y lo real como resultado de los programas llevados a cabo por la CONUEE, el Fide y la propia CFE en 20 años, resulta que los programas de ahorro de energía de México evitaron la instalación de, cuando menos once plantas eléctricas.
Visto desde otra perspectiva, los programas de ahorro de energía eléctrica en México construyeron el equivalente a once plantas eléctricas.
Es aquí donde yo me pregunto: ¿sabe alguien de la inauguración de estas diez “plantas”?, ¿alguien estuvo allí? o, acaso, ¿escucharon de alguien que haya dicho que valdría la pena que alguien más, en algún lado, reconociera lo que hacen las instituciones de ahorro de energía en México?
Por supuesto, esa no es la única evidencia ya que, además de lo anotada arriba, existe otra que se refiere al consumo promedio anual de los usuarios domésticos del sector residencial (que es en el que, de manera particular, se concentran los impactos de los programas).
En este caso, el consumo promedio de una vivienda en México es el mismo en 2010 que el que era en 1995, año previo a la entrada del Horario de Verano y de la implantación de las NOM.
Esto ha sido resultado de manera muy particular de la entrada en vigor y cumplimiento de las NOM de refrigeradores, aires acondicionados y lavadoras de ropa, además de los programas de iluminación eficiente, el Horario de Verano y la aparición de una tarifa de alto consumo en 2002 (que aceleró el proceso).
Puesto en términos de consumo eléctrico, esto significa que si el consumo promedio de los usuarios del sector residencial mantuvieran la tasa de crecimiento que tuvo en los años previos a la entrada a cabalidad de las medidas de ahorro (3.06 por ciento para el período de 1988 a 1995), el consumo anual sería 28 mil GWh mayor que el actual.
Puesto en términos de ahorros para los usuarios, esto significa – en una tarifa promedio de 1$ / kWh - 28 mil millones de pesos al año en ahorros. Igualmente, y dado que existe un subsidio a la electricidad en el sector residencial por una cantidad similar, el gobierno federal no tuvo que traspasar de sus ingresos por impuestos, 28 mil millones de pesos al año a la CFE para cubrir el subsidio.
En fin, que en México, a lo largo de administraciones priistas y panistas, se tiene un impacto muy importante en el consumo de electricidad y, por lo tanto, de combustibles fósiles y de las emisiones que resultan de quemarlos. Por lo mismo, ojalá y algún día a alguien se le ocurra (sea panista, priista, perredista, del verde ecologista y, inclusive, candidato ciudadano) inaugurar cuando menos una de las once plantas que se evitaron por los programas de ahorro de energía en el país.





