
Ideas con brío
Escrito por: Santiago Barcón
Agua y energía, hermanos siameses
Cargar la batería de nuestro teléfono celular implica que medio litro de agua tiene que viajar por kilómetros de tuberías, bombas e intercambiadores de calor de una planta generadora. Imaginemos la que se requiere para abastecer el consumo diario en nuestro planeta.
Cuando pensamos en el medio ambiente y su relación con la energía la tendencia natural es a mirar únicamente al CO2; sin embargo un efecto aún más considerable lo constituyen las cantidades masivas de agua que se requieren para generar energía.

Consideremos que tan solo en Estados Unidos fluye diariamente el doble de agua en las centrales generadoras que en el Río Nilo: 500 mil millones de litros. En México esta cifra debe rondar una treintava parte, pero recordemos que nuestras reservas acuíferas son exiguas. Todos los procesos consumen energía, un ejemplo más: las búsquedas diarias en Google representan 150 mil litros diarios. Por supuesto, el agua se reprocesa pero existen grandes pérdidas por evaporación; en algunos sitios ya no pueden instalarse plantas generadoras por la falta del líquido.
El agua existe en abundancia, pero del total 97 por ciento se encuentra en los océanos; del tres por ciento restante más del 70 por ciento lo constituyen los glaciares y la nieve. Nos queda menos de uno por ciento y nueve décimas partes se localiza en el subsuelo. Con ésta pequeña cantidad, donde los ríos representan menos del dos por ciento y los lagos acaparan la mayoría, tenemos que arreglárnoslas.
Por supuesto el agua es reciclable, pero existen pérdidas considerables por evaporación, fugas y otras causas. Aunemos un crecimiento constante en el consumo de electricidad, se espera que aumente 50 por ciento en 20 años, y nos enfrentamos con un problema de gran envergadura. Aunemos que cerca de la mitad de la población mundial tiene problemas de abasto de agua y la distribución es desigual basado en la hidrografía de cada país. Brasil dispone de 28.5 millones de litros por persona, mientras que Estados Unidos cuenta con 9.3, Francia con 2.9, China con 2.1 y, en otro extremo, Singapur con tan sólo 0.1.
Una consideración adicional lo constituye el acceso al líquido del que emana la vida. La medición incluye que sea potable, ya que de otra forma resulta de poco uso. Los países más avanzados tienen cobertura total, México sobre el 95 por ciento, China menos del 80 por ciento y en Brasil, a pesar de contar con un gran potencial hídrico, tan sólo el 90 por ciento.
Del total de energía eléctrica producida a nivel mundial el 20 por ciento proviene de ríos. Sin embargo a últimas fechas existe una tendencia a no realizar generación hidráulica por tres razones: en primer término los problemas sociales de los desplazamientos poblacionales que conlleva éste tipo de obras; en segundo lugar por el alto costo y finalmente por el riesgo de que el cambio climático afecte el flujo disminuye la capacidad. Brasil, Venezuela, China e India enfrentan recortes de suministro por la poca disponibilidad de agua en las presas.
México, con un capital hídrico magro, enfrenta grandes retos. Las mayores reservas se encuentran en el sur, lejos de la mayoría de la población, por lo que nos vemos forzados a utilizar más del 35 por ciento de mantos acuíferos mismos que tienden a agotarse por sobreexplotación. El sector que más consume agua es, por razón natural, la agricultura con cerca del 70 por ciento y donde con técnicas adecuadas, como el riego por goteo, darían beneficios notables.
Lo que nos concierne a los que estamos en éste medio es el sector energético, donde existen oportunidades muy importantes. Todas las formas de generación usadas en forma extendida en nuestro país utilizan grandes cantidades de agua. Los procesos termoeléctricos, hidráulicos y nucleares requieren de enfriamiento consumiendo agua para ello. Al mejorar las eficiencias se obtiene más energía por unidad de líquido, pero los avances son lentos y tan sólo hablamos de algunos puntos porcentuales. Por otro lado, tanto la generación eólica como la fotovoltaica no consumen agua, pero ésta última resulta económicamente inviable en gran escala, sólo la basada en viento puede considerarse. La generación eléctrica al aprovechar las aguas negras aporta al reciclaje del agua y en el proceso producen energía; muy poco se hace en México sobre esta oportunidad y hay que explotarla.
La Estrategia Nacional de Energía (ENE) reconoce el impacto de la energía sobre el agua, pero tan sólo menciona que se utiliza más agua tratada que hace algunos años. No propone metas de reciclaje y, mucho menos, el cambiar la mezcla de generación para favorecer las tecnologías que no consumen agua. Sin un objetivo claro como, por ejemplo, consumir 15 por ciento menos de agua por KWH generado para el 2024, año horizonte de la ENE, muy poco se hará por ahorrar el líquido básico para la vida.
Así como se detalla la huella de carbono en los procesos debe de hacerse con el agua, con el mismo celo y detalle. Me cuestiono por qué no se realiza así, y sólo puedo concluir que no se efectúa porque los políticos saben que la falta de agua la percibimos como un riesgo grave, no así con el CO2 donde las consecuencias no las sentimos próximas. A menos de que se definan claramente las metas de disminución o cuidado del agua no avanzaremos y, peor aún, tomaremos medidas sin considerar éste factor. Una central de ciclo combinado puede ser la mejor decisión económica, pero quizá no cuando aunamos las externalidades y riesgos. No seamos miopes, actuemos al pensar en el futuro.






RSS


